¿Qué es un libro?

Un libro es la puerta del tiempo, el viaje interminable de quien no perecerá. De fuego, viento, agua y éter esta hecha la palabra de quien escribe. Todos los seres emergen de aquí. Por eso el verbo está al inicio de las cosas...

lunes, 19 de septiembre de 2011

La mente del escritor: el periplo de lo complejo


La mente del escritor: el periplo de lo complejo

Por Valentín Perea Acevedo

Lectores de México

¿Cómo es la mente del escritor de cuentos fantásticos? ¿Cómo la del músico genial? ¿Cuáles son los elementos que producen lo innovador en las artes y ciencias? ¿El artista realiza su objeto para encontrarse, revelarse, descubrirse, recrearse, o para hallar un estado de catarsis? ¿Cuál es la génesis de la creatividad? Bruno Estañol (Frontera, Tabasco, 1945) en La mente del escritor nos invita a recorrer el periplo de la génesis de la creación científica, artística y literaria.

La creación de objetos nuevos tanto físicos como intelectuales es un fenómeno misterioso. Hay quienes nacen con una disposición biológica, que a veces llamamos talento para manejar notas musicales, colores o signos matemáticos. Además, todo creador necesita un ambiente adecuado en el que se valoren ciertas actividades humanas como el arte, ciencia, tecnología o religión. Finalmente, la historia personal influye en todo momento al proceso creativo.

Los niños dotados se definen como aquéllos que antes de los 12 años alcanzan un nivel comparable al de un adulto que ha dedicado al menos 10 años de su vida al estudio de un tema o dominio. Generalmente muestran su talento en áreas como la música, matemáticas, ajedrez, ballet, las lenguas, artes plásticas y ciertos deportes. Tales son los casos de Durero, Mozart, Yehudi Menuhim, Claudio Arrau, Gauss, Picasso y Turner. Si hablamos de poesía, la producción comienza en general en la adolescencia, como ocurrió con Rubén Darío, Rimbaud o el Conde de Lautréamont. Para la investigación científica, la narrativa y el pensamiento filosófico se logra una excelencia en los años de madurez, tal vez porque estas áreas requieren más invención, estructuras menos rígidas, mayor experiencia vital e imaginación. No obstante, señala Estañol, la mayoría de los grandes científicos y artistas no han sido niños prodigio. ¿Qué es entonces lo que se halla detrás del proceso creativo de los grandes hombres?

Uno de los rasgos puede ser la sinestesia, aquella condición que permite a un sujeto evocar sensaciones en otro órgano de los sentidos del que fue originalmente estimulado. Por ejemplo, al escuchar un sonido se percibe a la par un color o sabor. ¿Quiénes se han enfrentado con la sinestesia? Quizá pintores como Paul Klee, Piet Mondrian, Francis Picabia, Georgia O´Keefe y David Hockney; escritores a manera de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Francisco de Quevedo, Vladimir Nabokov, Patrick Süskind y algunos músicos: Mendelssohn, Joachim Raff, Sibelius, Rimski Korsakov y Franz Liszt.

“Otro ejemplo es Franz Liszt, quien siendo Kapellmeinster en Viena, en 1842 sorprendió a la orquesta diciendo: ´un poco más azul por favor, este tono lo requiere´ o ´un profundo violeta, no tan rosa´.”

Asimismo, Bruno Estañol nos presenta tres ensayos sobre la memoria, en los cuales versa sobre “Funes el Memorioso” de Borges; el encuentro entre Alexander Romanovich Luria y un reportero de prodigiosa memoria llamado Sherashevski y, finalmente, el caso H.M. un hombre de 27 años que tras una operación de resección bilateral de la parte media de los lóbulos temporales sólo fue capaz de recordar los hechos anteriores a la operación, y a partir de ese suceso, no pudo acumular ningún recuerdo.

“Tengo la hipótesis de que el noventa por ciento de los cuentos que se escriben son fallidos” espeta Bruno Estañol al enfrentarse al fenómeno creativo de un cuento. Aquí, el autor nos introduce al universo de quienes se enfrentaron a la creación de un cuento –esa alimaña cortazariana que habita en nuestra cabeza- pasando por las viejas consejas de Cortázar, Hemingway, Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe, Borges, Edmundo Valadés, Juan Rulfo, Mempo Giardanelli, Italo Calvino, Juan José Arreola, Hernán Lara Zavala, Bioy Casares, Juan Carlos Onetti, entre otros.

El texto literario es un enigma en su creación. Así, Sigmund Freud nos habló de la extrañeza en un texto literario como aquella que ocurre porque despierta fantasmas inconscientes reprimidos desde la infancia; el escritor tiene acceso al inconsciente y lo hace consciente. Por eso, los textos que nos hablan de un doble –El doctor Jekyll y míster Hyde de Robert Louis Stevenson, Los elíxires del Diablo de E.T.A. Hoffman, el Retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde, el Doble de Dostoievsky y la Esquina Feliz de Henry James- pertenecen al género del terror. Esto ocurre porque el doble es el enigma del escritor mismo, más joven, más malvado, una otredad que a través de las letras, nos refleja un rostro extraño y reconocidamente propio.

Estañol, en su viaje por el proceso creativo de la palabra escrita, nos transporta a uno de los grandes enigmas de la creación literaria, de la imagen a la palabra. De este modo, continúa su recorrido al analizar los dos poemas que escribiera Jorge Luis Borges sobre el grabado de Alberto Durero: Ritter, Tod und Teufel. También nos hace testigos de cómo Juan José Arreola en Duermevela recrea el cuadro de Marc Chagall titulado Au dessus de la ville.

Las páginas dedicadas a Jorge Luis Borges, a quien el autor llama maestro del cuento realista, son una invitación al análisis de diversos cuentos tales como Historia Universal de la Infamia, Hombre de la esquina Rosada, El Sur, Funes el Memorioso, Emma Zunz y La intrusa; a través esa crítica, reafirma el realismo de Borges.

Si regresamos, entonces, tal como nos encamina Estañol a la historia personal que influye en el proceso creativo, encontramos que ¨los lectores de biografías intuyen que si conocen los avatares de las vidas de los hombres célebres quizá puedan descubrir el secreto de la creatividad”. Es por ello, que el autor nos traslada por los vericuetos vitales de escritores como Anton Chéjov, Josehp Conrad, Edgar Allan Poe y Hernán Lara Zavala; sin olvidar las enfermedades y vicios de William Styron y Jhon Keats.

No obstante, la creatividad se expresa en cualquier rama del conocimiento humano. La medicina ha sido una de ellas; Andreas Vesalius (1514-1564), y su trabajo de anatomía del cuerpo humano; René Theóphile Hyacinthe Laennec (1761-1826) con el tratado de auscultación, en que los sonidos de pulmones, corazón, entre otros órganos son reconocidos y sistematizados; Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) y su investigación sobre el sistema nervioso que lo hizo acreedor al premio Nobel de Medicina en 1906. Todos ellos son ejemplo de que la creatividad científica como ¨el resultado fortuito de una historia genética, una historia personal y familiar, y una historia cultural y de una nación. Los ingredientes exactos y sus combinaciones fortuitas siempre los desconoceremos”.

De esta manera, Bruno Estañol nos arrastra hacia una explicación muy compleja: el dilema de la naturaleza humana. Somos hijos de nuestro contexto tal y como lo somos de nuestra madre. Si nuestro barco encallara en un continente desconocido – como Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, según Bernal Díaz del Castillo- ¿En qué medida cambiaría nuestra vida? ¿O nuestra manera de escribir?

Jhon Locke propuso que todo lo que aprendemos proviene de nuestra experiencia, en contraposición a aquellos que defendían la existencia de ideas innatas. ¿Vemos o aprendemos a ver? ¿Requerimos interacción temprana con otros hombres para aprender a hablar? La cultura es un producto del cerebro humano, y al mismo tiempo, la cultura y el lenguaje dan origen al lenguaje y la cultura en el cerebro de cada individuo particular. La biología genera la cultura y viceversa. Por ello “Descubrir los mecanismos que han hecho posible la transmisión de la cultura es una ingente necesidad porque significa entender aquello que nos ha humanizado”, señala Estañol.

El homo sapiens tiene tres memorias. La memoria biológica está inscrita en nuestros genes; la memoria individual está restringida a nuestro cerebro y finalmente una memoria cultural. El hombre descubrió el fuego, la agricultura, se volvió sedentario. Con el tiempo aprendió a escribir y con ello surgieron la filosofía, la literatura y la ciencia. Así aparece la cultura como una memoria “extrabiológica” que se ha almacenado en el lenguaje, escritura, edificios, esculturas, etc. La cultura en realidad es un cúmulo de información de acuerdo al autor.

La mente del escritor es una obra, que a la par de la Odisea de Homero, nos conduce a diferentes parajes donde la creatividad humana parece hallar su campo fértil y puerto de experimentación. La mente del creador es esa vorágine compleja que intentamos asir con hipótesis científicas, y que sin embargo, escapa de nuestras manos como huyen de nosotros los sueños de la noche. Estañol sabe que la sinestesia final es aquella en la que el hombre, al oler, huele con sus cinco sentidos y al recordar lo hace desde la memoria de hace miles de años. El hombre creativo y su creación son un misterio, un complejo misterio que vale la pena navegar.

Bruno Estañol. “La mente del escritor. Ensayos sobre la creatividad científica y artística” Ediciones Cal y Arena. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. México. 2011. 283pp

sábado, 25 de junio de 2011

“Papá se pegó un tiro hoy a las 6:52 de la mañana”


Por Cinthia Archundia

La tragedia ocurrió antes del disparo, mucho antes de que Gregorio se desangrara hasta morir; la migración lo mató antes, cuando empujado por la mediocridad en la que vivía en Saltillo, México, con título de Ingeniero Mecánico pero desempleado, lo llevó al sueño americano, convencido de que para él sería distinto. Pero la emigración no resolvió nada, sólo fue un detonante.

Con gran precisión, Pedro de Isla relata en “Papá se pegó un tiro hoy a las 6:52 de la mañana” una historia en la que una niña cuenta el proceso de muerte del padre y quizá su propia desesperanza. A través de un cuento corto, la hija detalla los motivos por los que el padre se marchó del hogar, las condiciones en que ella también partió rumbo a Houston, y posteriormente, la manera en que se va desdibujando el futuro de ambos:

“… acá mucha gente vive en gettos por decisión propia… recreando la tienda que dejaste, incluso repitiendo las mismas formas de convivir, relacionarse, trabajar, casarse o morir. Puedes meterte en tu propio mundo y fingir que nada ha cambiado, que sigues en casa con los tuyos, entre tu gente. Se trata de una gran mentira pero muchos viven en ella porque, de lo contrario, ya se hubieran dado un tiro en la cabeza…”

¿Esperanza? No existe.


Pedro de Isla. Papá se pegó un tiro hoy a las 6:52 de la mañana, Editorial Jus, México, 2010, 35pp.

lunes, 7 de marzo de 2011

Siglo de un día




Por Valentín Perea Acevedo

La Toma de Zacatecas por Francisco Villa el 23 de junio de 1914, es el pretexto que toma Eduardo Lizalde para tejer una extensa obra narrativa, que describe discusiones paganas y filosóficas entrelazadas en las vivencias diarias de los miembros y amigos de una familia zacatecana, que arrastrada por los acontecimientos, ve cambiado radicalmente su sistema de vida.

No escribe Lizalde una obra donde exista un centralismo en los héroes revolucionarios, donde Zapata, Villa, Madero o Carranza sean los protagonistas del hilo narrativo. Son los personajes de calle, la mesa familiar o la barra de cantina, quienes en sus chismes, comentarios cínicos, chistes y rumores van tejiendo, todos en coro, una explicación del fenómeno social en el cual se encuentran inmersos.

La Toma de Zacatecas, no es detallada en las batallas y muertos, ni en sus generales y tropas enardecidas. Son los perros y aves escalofriantes, los que presagian el encuentro, los testigos esperanzados de un baño de sangre:

Pos eran como…zopilotes feos, más feos que los de costumbre, que ya es decir. Cenizos, no. Más bien eran unas gallinotas negras o unas como huilotas gigantes y desgreñadas, con picos colorados y filudos, que nomás se la pasaban mirando la ciudad, desde antes de la batalla, igual que aquellos canes rencorosos y mugrosos que los acompañaban. Te digo. Miraban con unos ojos amarillos, como platos, desde los breñales, desde los terrones de la punta del Fraile, desde las nopaleras.

Lizalde con maestría, recupera el ambiente tenso, desafiante, temeroso, que los pobladores de cualquier pueblo de la tierra, viven antes de un hecho destructor.

La familia de la casa de los Gallos, se dirige a la capital de la ciudad, y ahí, el autor nos lleva de la mano a la vida de la gran Ciudad de México, lugar infecto y desgarrado; presa ideal de todos los ejércitos, hoy victoriosos y mañana derrotados.

Así, a la par de la narración de la Decena Trágica, nos enteramos de los amores no correspondidos de Claudio, que persigue por todo el país a la bella Georgina, víctima, a su vez, del karma revolucionario, que le llevará a la postración y la muerte. Asimismo, dentro del mismo matiz histórico, nos atrapa la búsqueda de un tesoro, que llevará a buscar el dinero escondido, que salvará de la pobreza, a la familia arruinada por la revolución.

De este modo, entre tequila, brandy y mezcal nos acercamos a las tertulias innumerables, donde el espíritu de la vida diaria, se mezcla con disquisiciones filosóficas, musicales y operísticas, donde impera el cambio, la mezcla de las diversas clases sociales; la ebria disputa de la soldadesca y las manías de la abuela, que con sus guisos y trastos nos llevan a la casa de los Gallos, donde las sirvientas hacían la merienda, Tritón ladraba junto a la cocina y donde los tíos, todos, creían saber el verdadero carácter de Porfirio Díaz, Limantour, Fierro, Ángeles o Natera.

Lizalde incursiona, durante el desarrollo de su novela en diversos géneros literarios, alternando prosa, verso, e incluso letras de cancioneros, todos expresión del alma popular, como ocurre en el siguiente acróstico:

Los héroes vuelven al rancho,

aquí termino el bailongo.

Se bailó al invicto Pancho,

por hablador y por bronco,

un general Obregón,

todo un caudillo en Celaya,

al frente de su legión,

sostenedor de su espada.

Van por los héroes versos,

así dice esta canción,

no le hace que sean adversos

A Villa o bien al Barbón.

Incluso uno de los personajes, el profesor Quiroz, nos comparte su “propia” novela titulada El pariente Herculano, cuya trama se desenvuelve a través de diversos capítulos, provocando en el lector una sensación de enigma, que inevitablemente lo incita a continuar leyendo. Lo anterior dota a la obra en su conjunto de una gran versatilidad estilística y temática, que permite una lectura ágil y amena, aunque a ratos, esto representa dificultades al lector, debido a la gran abundancia de nombres de individuos, lugares y hechos, que llevando a la confusión, realzan en la novela, un ambiente de fluidez conversacional, traducida de pasados ajenos e incoherentes.

La narración que comienza con la toma de Zacatecas, nos conduce a través de los mejores tiempos de Francisco Villa y Zapata, hasta el descenso de ambos, con la llegada de Venustiano Carranza y el constitucionalismo. Los protagonistas han pasado por innumerables aventuras en la “bola”, los negocios y sucesos familiares. Al final de la obra, Claudio pregunta al profesor Quiroz:

- ¿ Y los famosos cuentos sobre la batalla de Zacatecas, que relataba usted a Cristóbal?

- Pos eso hubiera querido yo que fuera toda la novela: una novela sobre las historias, las novelas y los cuentos (chinos y zacatecos), que todos los paisanos cuentan y novelan sobre la toma de Zacatecas. Pero no pude, porque el tema es largo, y esa batalla no termina nunca, como decía aquel filósofo amigo del tío Aurelio. De todos modos, ya le puse título a esa cosa…

- ¿Qué titulo?

- Lo voy a titular Siglo de un día, y te voy a dejar todas las páginas junto con las de nuestro amigo el coronel Sánchez, que son mejores que las mías, por si en una cruda de éstas me da el patatús.

Con estas palabras, Eduardo Lizalde resume el trabajo realizado en toda esta obra, excelente muestra de microhistoria mexicana de un centenario de la revolución que no termina nunca.

Eduardo Lizalde. Siglo de un día, Editorial Jus, México, 2010. 492pp.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Dos obras en las que los vencidos son protagónicos



Entrevista con José Luis Trueba Lara


Por Cinthia Archundia

Los libros surgen sin querer" comenta José Luis Trueba Lara al tiempo que explica que La vida y la muerte en tiempos de la revolución comenzó a gestarse hace 25 años, pues "para conmemorar los 75 años de la Revolución el INAH convocó a un concurso donde llamaban a todos los sobrevivientes de la revolución a que mandaran sus memorias, publicaron tres tomos dedicados a esto; yo los leí y me encantaron, era ver la Revolución contada desde una perspectiva absolutamente distinta".

Trueba Lara agrega: "a partir de ese día empecé a leer memorias, diarios, epistolarios, artículos periodísticos y resultaba que la realidad era muy distinta; de entrada estos documentos no hablaban tanto de la revolución con R mayúscula, si no de guerra, la revolución fue una guerra. Y contar la historia de una guerra es como nació este libro".

Y es que a cien años del conflicto revolucionario, la publicación de La vida y la muerte en tiempos de la revolución aporta una perspectiva distinta. Al autor no le fue difícil preguntarse por qué la mayoría de las batallas más sangrientas no ocurrieron contra el ejército de Díaz ni contra las fuerzas de Huerta, sino entre los mismos revolucionarios. En la introducción del texto, Trueba Lara escribe:

"Durante muchos años mis profesores me engañaron impunemente me contaron que la Revolución Mexicana (con mayúsculas, claro está) nos había liberado de la dictadura de Porfirio Díaz y de las incontables maldades de Victoriano Huerta (quien obviamente era calificado como un siniestro chacal)…” (Trueba:17)

De este modo el autor no retoma a los héroes nacionales, aquellos que en la historia tradicional figuran en cientos de publicaciones, por el contrario, pone la mirada en los de a pie, esa gente que vivió en medio de la revolución, aquellos hombres, mujeres y niños que no participaron directamente en las batallas pero que, sin duda, vivieron la guerra:

“ … en este ensayo sólo me interesa narrar (y a ratos intentar comprender) una parte de la historia que nunca me contaron mis maestros: la vida cotidiana de quienes vivieron los tiempos de ancien régime las maneras de amar y pecar, los mecanismos de ligue y la galantería, las otras sexualidades, las diversiones, los hechos de la infancia." (Trueba: 21)

"Es un libro de muchas voces, como una tertulia; el libro donde todo mundo llega a platicar", puntualiza Trueba. "Novo llega a platicar el día que sale del clóset, el día que se mete cocaína, habla mal de las adelitas", agrega. Pero ¿cómo dejar a los héroes fuera? "Mandarlos por un tubo; había que borrarlos y darles la voz a estos otros" dice Trueba Lara en la conversación y lo refrenda en el texto:

"Las mujeres de mi familia —escribe un testigo– estaban en un rincón de la vecindad, con una vecina que tenía un Cristo antiguo y con otras vecinas, rezando, cuando una granada dio contra el tinaco de la misma vecindad; entonces salieron corriendo lo más aprisa que pudieron, y en la calle vieron, mientras corrían a una señora tendida boca abajo, con un niño amarrado a la espalda. El niño estaba vivo, pero nadie se detuvo". (Trueba:141)

Sin embargo, La vida y la muerte en tiempos de la revolución ¿es un libro de Historia? Al respecto el autor señala: "los libros de Historia son cada vez más especializados... a mi me gustan mucho los libros de Historia, soy un verdadero enamorado de los libros de Historia pero cada día me cuesta más trabajo leer los textos de los investigadores. Lo que hacen es tomar un fragmento chiquito de la realidad y lo analizan profundamente, y por supuesto cuando regresan de las profundidades te dicen pues mira aquí está la mera neta y hay de nosotros que tenemos que ubicarnos”. Y puntualiza, "en ese sentido creo que el libro es más una crónica que un libro de Historia, es un libro donde platicamos y conversamos; yo creo que es un paseo, vamos a pasear. Se parece a muchas cosas de Historia, pero no es un libro de Historia, es una crónica".

¿Se trata de un texto pensado para celebrar el Bicentenario? "La primera oportunidad es vamos a repensar el pasado, en ese sentido sí; otra posibilidad es decir vamos a hacer un homenaje a los héroes, no, en ese bicentenario yo no entro" responde Trueba Lara.

Así, La vida y la muerte en los tiempos dela revolución se nos presenta como un texto ameno, con lenguaje sencillo, ilustraciones de la época, además de una bibliografía comentada para aquellos que quieran profundizar en el tema, en palabras del autor: "por fortuna cuando se acaba el libro, tiene al final la bibliografía, y puedes seguir conversando con los que ahí están, no hay conclusióna la gente le gustan las conclusiones y a mi me dan miedo. Si hubiera conclusiones no tendríamos discusiones; la conclusión es la última palabra, yo no la tengo, de eso estoy absolutamente seguro, pero también estoy seguro de que los otros tampoco la tienen”.

La derrota de Dios

Pero José Luis Trueba Lara también escribe una novela publicada por el sello de Suma de Letras de la que también nos platica…

La derrota de Dios es una novela que de acuerdo a su autor "cuenta toda la vida de Miguel Miramón, se trataba de contar una historia desde una perspectiva que a mi me parece que es poco usual… contar la historia de Miramón desde el punto de vista de los que perdieron la guerra; en otras palabras, en esta novela Juárez es el malo y Miramón es el bueno; los conservadores son los héroes".

Pues no hay que olvidar que para la historia "oficial" Miguel Miramón es uno de los grandes traidores; pese a que la vida de este personaje se mezcla con varios de los sucesos determinantes de nuestra historia, se ha perdido u olvidado en el devenir histórico.

Trueba Lara describe al personaje principal de la novela, Miguel Miramón: "… me cae bien porque es un derrotado, me gusta porque no le falta nada… es un hombre brutalmente enamorado, pero un amor de esos románticos, es tan romántico el amor de él y su esposa que cuando lo fusilan, Concha Lombardo pide que le den su corazón y lo guarda en un frasco ¡Alguien que vive un amor así vale la pena!”

Sin embargo, para Trueba no sólo se trata del Miramón enamorado, también “es un personaje crucial; tu dime qué crees que haya sido y lo fue ¿Te gusta niño héroe? Fue niño héroe, herido en batalla ¿Te gusta que sea presidente? Bueno, dos veces, el más joven de la historia ¿Te gustan las batallas? Estuvo en infinidad de ellas, dio batalla en todos lados ¿Un hombre que la gente lo adorara? Por supuesto y eso no es poca cosa, la gente lo tocaba como si fuera reliquia ¿Quieres un hombre que la haya pasado mal? Él también, dos veces tiene que huir a Europa, la primera cuando pierden la guerra de reforma y la segunda cuando Maximiliano lo manda ya para que no esté jorobando… “

Y reconoce en el personaje (Miramón) la derrota, pues apunta: "... tiene un problema, un problema serio, es un derrotado; cuando te derrotan tú tienes dos condenas, la primera es que quiénes te vencieron van a decir que eres un traidor, ni modo que digan vencimos a un patriota, de ninguna manera. La segunda condena, es la condena de una de las costumbres mexicanas más divertidas: el ninguneo. El ninguneo es decir que tú no existes”.

De este modo, Trueba recupera en La derrota de Dios los episodios que recrean al personaje principal: el adolescente que combatió en la batalla de Chapultepec, el general más joven de los ejércitos conservadores, el presidente de México, el exiliado, etc.:

"Miramón no tardó en llegar su puesto: él era uno más de los
jovencitos cadetes que tratarían de contener el avance de los yanquis en el muro que miraba hacia Molino del Rey. Tras las órdenes de los oficiales, llegó el silencio que sólo de cuando en cuando se rompía por los hipos del llanto y los rezos que pedían un milagro: más de uno deseó que Bravo izara la bandera Blanca
" (Trueba:39)

Y en esta descripción de Miramón, Trueba Lara se pregunta "¿un traidor es alguien que dio su vida por la patria? Podemos estar a favor o en contra de sus ideas, ese es otro menester y eso sin duda alguna lo podemos discutir, no tengo ningún problema, pero el hombre estaba convencido ¿le pueden decir traidor a alguien que hizo todo lo posible por frenar la invasión gringa y pararla definitivamente? Yo tengo mis dudas, pero es más fácil descalificar que pensar."

En este encuentro del autor con el personaje y los temas que a través de él trata, Trueba explica por qué escribir una novela y no una biografía de Miramón: "era la única manera en la que yo podía darles voz y en eso quizá si se parezca a La vida y la muerte, la chamba es dar voz a otros. En el caso de La vida y la muerte es darle la voz a la gente de a pie como tú y como yo, y en el caso de Miramón darle la voz a los derrotados en la Guerra de Reforma y en el Imperio. Yo creo que deberíamos oír sus razones, ya después discutimos si estamos a favor o en contra eso no es problema, tomémonos la molesta de escucharlos. Los liberales y los conservadores nunca hablaron, los dos orgullos chocaron, nosotros ya no nos podemos dar esos lujos, ya vimos lo que pasa. Mejor platiquemos, a lo mejor no llegamos a acuerdos pero por lo menos quizá encontremos algunas coincidencias y eso ya vale la pena".

Con una documentación precisa, La Derrota de Dios nos guía por una época de turbulencias, amenazas de invasión extranjera, guerras civiles, conflictos políticos, sociales y económicos a través del hilo conductor que teje la vida de Miguel Miramón. Entre la historia y la ficción, se construye la visión de los vencidos del siglo XIX en México, pues, según Trueba Lara "en ambos casos se trata de la historia de los vencidos no recuerdo un libro donde alguien gane, todos pierden, supongo que es esta la fascinación por los perdedores".

Ficha:

· José Luis Trueba Lara, La vida y la muerte en los tiempos de la revolución, Editorial Taurus, México, 2010, 343pp.

· José Luis Trueba Lara, La Derrota de Dios, Editorial Suma de Letras, México, 2010, 343pp.

lunes, 6 de septiembre de 2010

DULCE CUCHILLO: UNA NOVELA DE MADUREZ

Entrevista con la escritora Ethel Krauze


Por Gabriela Campos

El abuso sexual no es un tema fácil de tratar y mucho menos de manera literaria. A Ethel Krauze le tomó más de cinco décadas de experiencia en la escritura construir un lenguaje capaz de expresar las emociones de las mujeres que han sido violentadas sexualmente y así poder plasmarlas en “Dulce Cuchillo”, nombre que recibe su nueva novela publicada bajo el sello de editorial Jus.

“Dulce Cuchillo” cuenta la historia de Magdalena, en cuya vida el abuso sexual ha estado presente desde la más temprana infancia. Cuatro narradores brindan su versión de lo sucedido, así como los sentimientos y razones que los llevaron a actuar del modo en que lo hicieron. La voz predominante es la de Magdalena, quien narra la lucha que emprendió para adueñarse de su propio cuerpo y, por ende, de su existencia. Está también la perspectiva de su principal abusador, al que llama “personaje T.”. Después, se encuentra la de Alegría, madre de la protagonista y, por último, la de un observador externo.

En entrevista con Lectores de México, Ethel Krauze explicó el proceso de escritura de “Dulce Cuchillo”, los motivos que tuvo para redactarlo y las reacciones que ha despertado en sus lectores.

¿Cuál fue el proceso detrás de “Dulce Cuchillo? ¿Cómo hizo para llevar a la literatura temas tan delicados como el machismo y el abuso sexual?

“Dulce Cuchillo” es una novela de madurez porque no narra tanto acontecimientos, sino que tiene que construir un lenguaje propio que yo tenía que encontrar sólo a través de la experiencia literaria, a través de escribir y escribir y hacer muchos ensayos sobre la escritura misma.

A lo largo de las novelas y poemas que he escrito en mi trayectoria profesional pude ir hilando, construyendo ese lenguaje que pudiera expresar las emociones que tienen las mujeres cuando son violentadas sexualmente, sobre todo cuando es un abuso sexual sin violencia física, porque cuando es con violencia física es muy fácil distinguir que se trata de una violación, pero cuando no la hay, sino que hay una violencia psicológica, cultural e ideológica detrás y que le da fuerza y acompaña a lo sexual, es más difícil distinguirla y expresarla.

Era necesario construir un lenguaje que fuera verosímil, literario, que tuviera ecos poéticos porque finalmente la literatura es arte y busca una experiencia estética; la experiencia que va a encontrar el lector es dramática, pero al mismo tiempo es estética. Imagínate, todos esos ingredientes había que meter en el platillo. No es fácil, lleva tiempo, conocimientos, sabiduría literaria; por eso digo que la fui cocinando con mucho tiempo. No hubiera podido hacerlo antes porque o me hubiera ido por la parte anecdótica externa o al facilismo que es nada más hablar de la parte morbosa o grotesca y difícilmente en mi juventud hubiera encontrado esas sutilezas del lenguaje para poder expresar la mezcla de emociones que las mujeres que viven una situación así están sintiendo. Esa es una de las grandes consecuencias nocivas del abuso, lo que va quedando en la mujer, lo que no puede decir, es que ella misma no puede definirlo, no se puede explicar a sí misma lo que está pasando, lo que está sintiendo. Poner eso en palabras sí lleva tiempo y experiencias.

El “personaje T.” fue un reto para mí, porque yo tenía también que poner la versión de él. Es un personaje complejo. Hubiera sido muy fácil ponerlo como el diablo con cuernos y trinche, como el villano, y no se trataba de eso porque la vida es compleja, la vida no es blanco y negro, no hay maniqueísmos, no hay buenos y malos, todos son buenos y malos al mismo tiempo, según el momento en el que están. Entonces, esa complejidad es la que implicaba una madurez literaria que yo tal vez antes no hubiera podido acometer como ahora lo hice.

Otro tema presente en la novela es el de la doble moral de las familias…

Ah sí, por supuesto, por ejemplo, la ignorancia, los patrones ideológicos en donde la madre por no quedarse sin el hombre, sacrifica a la hija, no la ve simplemente; tampoco es que sea mala, es que no la ve porque no fue educada para verse a ella misma como valiosa. La valía está en el hombre, y la mujer que se queda sin hombre se queda sin valía y, entonces, no importa si el precio que debe pagar para conservar al hombre es entregarle a la hija. Es una cuestión cultural que se puede transformar, por supuesto.

A las mujeres de ahora nos toca poner el dedo en la llaga. Lejos de satanizar las cosas, es nuestra obligación ética, social y cultural por la época en que nos tocó vivir de entender estas situaciones y favorecer una mejor educación en nuestros hijos. La mayoría de las mujeres en las sociedades, y sobre todo en una como la nuestra, no educan a las mujeres en un sentido de valor de ser mujer sino en función de roles; esto hace que se pase de generación en generación ese mandato.

Las madres que saben e intuyen, e incluso ven, que sus hombres, sean sus esposos, sus novios, sus parejas, o los hijos varones abusan de las hijas, no saben cómo manejar esto: lo niegan, no lo ven, lo interpretan de otra manera, no escuchan a las hijas porque las mujeres no se escuchan a ellas mismas, no se nos educa para ello, sino para ver qué debemos hacer y cómo debemos de ser para gustarle y conservar un varón. Sin embargo, no se nos educa para ver quiénes somos nosotras, qué queremos y cómo construirnos como seres humanos y al mismo tiempo encontrar una pareja.

En la novela se muestra mucho eso. Está la voz del hombre, está la voz de la madre, está la voz de Magdalena niña y Magdalena adulta y desde una tercera persona literaria está la mirada de Sebastián, que es el esposo de Magdalena, para tratar de dar un poquito un caleidoscopio de las voces que hay ahí, aunque sí la principal es la de Magdalena, no tanto de los acontecimientos que ocurrieron, sino de qué pasa dentro de ella, qué consecuencias tiene eso, cómo ella se queda sin ser, se queda sin capacidad de decisión porque ella no es nadie, otros la poseen en todos los sentidos de la palabra.

Al no ser un libro autobiográfico, ¿cómo logró meterse en los zapatos de Magdalena, el personaje T. y Alegría?

¿Cuál es la diferencia entre ficción y autobiografía? Ninguna. Todo lo que se escribe es autobiográfico porque tiene que pasar por tu alma, por tu experiencia de la vida y por tu manera de ver el mundo.

¿Qué quiero decir con esto? ¿Que ahí está exacta mi autobiografía? No, porque Magdalena es una enfermera y yo no lo soy; porque ahí hubo un connato de aborto y yo no he tenido uno, es decir, es autobiográfica el alma que hay detrás de los acontecimientos, pero es ficción en la medida en que no es una traslación directa de los hechos, sino indirecta a través de la recreación y la reinterpretación.

Yo escribo de lo que sé, de lo que conozco, de lo que late en mis venas, de lo que me cuentan otros y de alguna manera se identifica con cosas que yo he sentido o vivido, con algo que late dentro de mí. Todo eso es autobiográfico.

Ahora, ¿cómo le hice para meterme en los personajes? Lloré como Magdalena, lloré terrible escribiendo, me enojé mucho y me invadieron ataques de deseo frenéticos, de asco. Si no hubiera ocurrido eso, a pesar del oficio que tengo de tantos años, la pasión por la literatura y el contacto viral que tengo con las palabras, no hubiera podido hacer esta alquimia que es convertir todos los silencios que guardan las mujeres a un lirismo poético; porque parece una novela, pero el ímpetu que tiene “Dulce Cuchillo” es de un poema.

¿Alguna víctima de abuso sexual se ha puesto en contacto con usted después de leer “Dulce Cuchillo”?

Mira lo que he tenido es que descubren que han sido abusadas. Por ejemplo, he tenido casos de mujeres que después de leer esto, me comentan: “es que ahora me doy cuenta que era abuso, pero yo no sabía, yo no lo había entendido de esa manera.” Entonces empiezan con un proceso interior bien fuerte; comienzan a reconocerse en esa voz.

En Internet, algunos psicólogos ubican “Dulce Cuchillo” como un material de apoyo en la terapia de quienes han sido abusados sexualmente…

No sabía eso. Pero, eso sí, el libro sí puede ser un disparador para que cosas que tú creías olvidadas. Por ejemplo, tuve el caso de una mujer que descubrió que había sido abusada por un tío cuando era niña y ella no lo había vivido así, había sido acallada en la niñez y lo confrontó con la madre ya siendo adulta a raíz de la lectura del libro. Y la mamá le dijo: “¡Ay, eso pasó hace muchos años!”. No le había dado la importancia, y en la novela se ve toda la relevancia que tiene una experiencia como eso.

“Dulce Cuchillo” fue presentado el pasado 6 de agosto en la librería Gandhi de Mauricio Achar con la presencia del narrador y editor Felipe Garrido, la escritora Orfa Alarcón, Mónica Rodríguez y la autora.

martes, 17 de agosto de 2010

Las Valkirias




Por Valentín Perea Acevedo

Es difícil hablar de un autor cuyas obras son reconocidas sobre todo por su gran nivel de ventas; esto ocasiona que se distorsione lo valioso o no que posee un libro, sea quien fuere el autor. Obras como las de Rowling, han recibido severas críticas, mismas que quizá compartan con Coelho todo un fenómeno alrededor de la magia, los hechizos y la lucha entre la luz y la oscuridad.

La obra narrativa de Paulo Coelho está inmersa en esta misma tesitura. Además, al narrar lo hace de un modo sencillo, es decir, usando un lenguaje sin complicaciones, elemento que quizá explique su gran éxito en varios países del mundo.

Las Valkirias es una obra escrita después de El Alquimista y es una narración autobiográfica, en la que Paulo Coelho nos describe un periplo de experiencias acerca del autoconocimiento, que a recomendación de J, un amigo suyo, realizará a modo de “Ejercicios espirituales” en el desierto de Mojave, Estados Unidos. Los eventos que narra esta obra ocurrieron entre los días 5 de septiembre y 17 de octubre de 1988, y en ellos, Coelho acompañado de Chris, su esposa, recorrerá el pasado de su mundo interior, de esas moradas mágicas, que hicieron del joven Coelho un escritor de lo oculto.

Chris y Paulo conducen por una carretera de Los Ángeles con rumbo al desierto de Mojave. Paulo tiene un único objetivo: hablar con su ángel de la guarda. Sin embargo, él sabe que los ángeles son mensajeros de Dios, seres que a veces nos observan, de los que presentimos su presencia, sin constatarla.

En aquel desierto, poblado de animales peligrosos cuando cae la noche, se reúnen con Took, un maestro de la Tradición, joven de veinte años, que vive en una casa rodante. Took es el hijo de un mago y ha sido preparado por la Tradición para tomar su papel cuando se abran las puertas del Paraíso. Took explica que para vislumbrar el mundo invisible, hay que posar los ojos en el horizonte, concentrarse en el aquí y el ahora y controlar la segunda mente, ese conjunto de ideas del mundo cotidiano, que siempre ocupan nuestro pensar.

Chris aprende a mirar hacia el horizonte, tal como ha recomendado Took. Un día los esposos en un paseo por el desierto deciden abandonar su auto y caminar hacia un lago de sal, que a la distancia se antoja cercano. Allí, presos de cansancio y somnolencia se despojan de sus ropas. Took les dice que estuvieron a punto de morir de insolación, que el error fue quitarse la ropa, porque sus cuerpos se deshidrataron. Que al ser rescatados por un hombre que vio el auto de la pareja abandonado, un ángel había aparecido. Paulo se muestra escéptico ante esta conjetura.

Took, antes de despedirse, les señala en un mapa dónde vio a las Valkirias por última vez y dice a Paulo que fue conveniente que trajera a Chris. Paulo dice a su esposa que Took habló de cuatro fases en el proceso para hablar con el ángel de la guarda, pero no mencionó la cuarta, y que ésta tiene que ser la canalización.

Finalmente, en una lonchería encuentran a las Valkirias. Son ocho y vienen a caballo. Entran con gran alboroto al lugar, y una de ellas, capta la atención de Paulo. Él lleva un anillo que representa a dos serpientes con dos cabezas y la Valkiria porta un broche con la misma figura. Paulo le dice que se encuentra desesperado y que por ello quiere hablar con su ángel. La mujer responde que puede llamarla Vahalla y lo invita a que se vean al día siguiente.

Chris, Paulo y Vahalla entran a una mina de oro abandonada donde impera el completo silencio. Ahí, ella les dice que deben romper el acuerdo que tienen con las tinieblas, el acuerdo de la derrota.

Paulo ensimismado en la oscuridad recuerda. Hace 14 años, él era compositor de música y seguidor de la Bestia, por ello había logrado mucho éxito. En un momento de su pasado el mal inundó su existencia y la única salida fue tomar una Biblia y rezar a Dios, ofreciéndole su vida. Desde aquel momento todo trabajo que intentó quedó arruinado. Vahalla le dice que ese es el acuerdo que debe romper. Por ello, antes de salir de la mina, Paulo promete dejar todo en manos de Dios. Ahora, su ángel de la guarda estará satisfecho, pues ya no tendrá que impedir que Paulo se destruya a sí mismo.

Paulo y Chris pasan tiempo con las Valkirias, ellas predican en los pueblos y ciudades. Un tiempo después, Valhalla les enseñará a aceptar el perdón, mediante el Ritual que derrumba a los Rituales, usando el odio. Ya sin las Valkirias, los esposos siguen viajando por el desierto, recorriendo ciudades. Por las tardes, salen al desierto. Pero él está triste porque no ha logrado ver a su ángel.

Por fin, un día casi al alba, una mariposa azul revolotea frente de sí. Paulo sabe que es su ángel. Toma una pluma y escribe un pasaje de Isaías de manera espontánea. Cuando sale el sol, una gran luz brilla a su lado y una voz le ordena que no voltee, que se arrodille y mire hacia el piso. Se aterroriza. Le ordenan que limpie la arena frente a él. En ese momento aparece un brazo dorado que traza un nombre en el suelo. Y la voz dice: “éste es mi nombre; cree en que las puertas del cielo se han abierto”. Finalmente, el escritor erige en aquel lugar un altar donde coloca la imagen de Nuestra Señora Aparecida. Ése será su espacio sagrado.

Como podemos observar, la obra que nos presenta Coelho sigue la estructura de las clásicas iluminaciones, a la que la historia de todas las religiones nos ha acostumbrado. Un hombre se refugia en el desierto, y ahí, en la soledad de las arenas, se encuentra a si mismo, comunicándose con los elementos que le rodean. Al llegar al momento de la iluminación, el hombre se da cuenta que todo lo que ha venido haciendo por descubrir resulta de más, porque lo que buscaba ya se encontraba ahí desde siempre.

Todo juego de iluminación requiere de la presencia del mal. Esto es un círculo clásico. Jesucristo fue tentado por el demonio en pleno desierto; San Onofre descubre en la soledad del desierto, y en el autocastigo la bondad de un Dios que le ama, y que él cree que le ha abandonado. La soledad del camello, en el discurso de las “Tres transformaciones” del Zaratustra de Nietzsche sigue el mismo tenor, en el desierto el camello del “tú debes” descubre el poderoso rugido del león “yo quiero”. Y como en los buenos cuentos, el mal es vencido siempre por el bien.

El pacto con el mal siempre va aparejado con el éxito mundano. Cuando Coelho habla de su pacto con la Bestia, dibuja de manera muy diluida, lo que autores como Goethe, ya habían dicho en boca de Fausto, es decir, que el precio que se paga por riqueza, fama, poder y belleza es el alma misma. Sin embargo, no todos los “caídos” rezan a Dios en el momento de la gran angustia que implica la oscuridad del mal. Algunos incluso, pagarían el doble de su alma por gozar las torturas del infierno de Dante, acaso porque también el mal es parte del bien.

Quizá identificar a Dios y a los ángeles en una lucha con la Bestia haga claro en un solo argumento, la batalla a la que alguna vez todos los hombres nos hemos enfrentado en cierto momento de la vida. Coelho nos ha llevado por esta senda. Sin embargo, esta no es la única salida posible, ¿qué habría sido de Coelho si se hubiera entregado completamente a la Bestia, para vivir en la lozanía de lo demoniaco? ¿Qué escenario se presentaría si Paulo hubiera poseído a Valhalla y ahí encontrado una faceta más de su ángel?

Se dice que San Juan de la Cruz, durante la escritura del “Cántico espiritual”, encontró la iluminación, y que esta fue casi instantánea. Después de esto San Juan “moría porque no moría”, pues la gota siempre ansía volver al mar que la decantó. No sé si después de ser tocado por nuestro ángel, la vida pueda continuar, así como así, ya sea en la moderna Nueva York o en la antigua Palestina; no imagino la vida del “iluminado” escribiendo a través de su cuenta de Twitter : “@iluminado: hoy me ilumine, pasa la voz”. Quizá me equivoque y los iluminados siempre fueron “spam” y por eso algunos fueron borrados mediante la sangre y la hoguera. Tal vez, la democracia tenga sus beneficios y éste sea uno de ellos. Y quizá en el desierto esté la respuesta, tal vez sea cierto que el desierto crece… ¡Hay de aquel que alberga desiertos!

valentinperea1@hotmail.com